martes, 18 de enero de 2011

Sobre desventuras de una vuelta. Parte 2.


¡Nos hemos dejado la maleta en el autobús!

De repente la sorpresa no es tan grande, estas cosas solo me pasan a mi, y me pasan a menudo.

Volvemos donde la amable señorita y le preguntamos si hay un número al que llamar para que informen al chófer o algo, mientras Carlos baja al piso de abajo por si ve el autobús en su camino de vuelta a la estación.

Nos dan el número y Andrés llama rápidamente: "sí, hola, buenas tardes. Acabamos de dejarnos una maleta en uno de los autobuses lanzadera que van desde la estación de avenida América hasta el aeropuerto, ¿qué podemos hacer? Ajá. Sí. Vale. ¿Color? Ehm... un segundo". Me mira, y me pregunta "¿de qué color era?". Me pongo a pensar, pero la estación de autobús estaba muy oscura así que no recuerdo. Verde o azul, supongo, pero por si acaso le digo que ni idea. Andrés abre los ojos con un gesto de "no entendiendo nada" y dice "Roja creo, o rosa". De repente, se me enciende la bombilla y me doy una colleja mental: "anda, ¡hablabas de la maleta! Es azul". Andrés suspira y acaba la conversación justo cuando vemos a Carlos que sube corriendo las escaleras mecánicas.

"¿Dónde está la calle? ¿¿Dónde está la calle??", es todo lo que dice. Andrés y yo nos miramos sin entender. "Sí joer, que bajo abajo y no hay calle, solo un pasillo largo". Sin darnos tiempo a pensar y mucho menos responder, sale corriendo en dirección a las puertas automáticas para salir a la calle y preguntar allí o buscar un ascensor/escaleras que lo lleven abajo. Consigue frenar un segundo antes de estrellarse con la puerta automática, que no se abre. Da un bote, esperando alguna reacción. Nada. Corre a la puerta de la izquierda, que se abre rápidamente. Cruza un minipasillo de 3 metros y llega a otra puerta automática. Nada, no se abre. Si llega a estar concursando en humor amarillo habría perdido hace rato. Corre hacia la puerta de la derecha, que se abre instantáneamente, y sale disparado a la calle.

Andrés y yo volvemos donde la amable señorita, que nos explica que para bajar abajo hay que hacerse marathon y medio, pero es lo que hay, así que él baja mientras voy donde Carlos a decirle que conocemos el camino, no sin antes pelearme con las puertas automáticas. Yo también habría perdido en humor amarillo.

Bajamos abajo y llegamos a la parada del autobús. Tras esperar unos minutos decidimos que yo me voy a la T1 para hacer el check-in por si el autobús tarda en llegar y para no andar después con prisas: cruzo la carretera, me meto en la terminal, subo al piso de arriba, saludo a la amable señorita, ando, ando, ando y por fin llego a la T1 y encuentro el mostrador al que tengo que ir.

Hay una cola de seis o siete kilómetros, y me pongo a esperar. Eszter me manda un mensaje preguntando si todo va bien y contesto: "sí, todo perfecto :-)".

5 minutos... la cola avanza muuuy despacio.

10 minutos... la cola avanza, pero poco a poco. Eso es bueno, porque así Andrés y Carlos tienen más tiempo para esperar al bus.

15 minutos... 20...

Veo las cabezas de Carlos y Andrés sobre el resto, y le llamo para que vengan donde estoy. Carlos tiene cara de triste. Mierda. Se acercan y Carlos dice con su cara de triste "no hay maleta, hay que llamar a un número para..." pero al mirar hacia abajo la maleta está ahí. ¡Será mamón!

Maleta recuperada a tiempo :D

Pero la aventura no termina ahí, no. Habría sido demasiado bonito para ser verdad. Resulta que la maleta que compramos días antes para llevar como equipaje de mano excede las medidas máximas por unos centímetros, y además pesa también un par de kilos más de lo permitido: habrá que facturar.

La broma sale por 30€ que no tengo, y al pobre Andrés le sale caro el acompañarme al aeropuerto...

Lo demás es historia: me despido de la pareja, entro, llego a mi puerta y me pongo a la cola. Normalmente me siento en un asiento al lado de la puerta y espero a que todo el mundo entre para no estar de pie durante 15 innecesarios minutos. Además, como voy solo me da igual dónde sentarme, así que todo son ventajas. Pero esta vez la cola era muy corta (había solo unas 10 personas esperando) y era casi la hora, así que en cosa de 5 minutos estaría sentado en el avión.

¡MEEC! Error.

El vuelo se retrasó 40 minutos y mi orgullo no me permitió salir de la cola para sentarme y esperar cómodamente, ir al baño y comprarme una coca-cola. En su lugar mis piernas acabaron entumecidas, casi me meo encima y por poco me como a la señora de delante.

6 comentarios:

Mariasun dijo...

No cambiarás nunca!!!
Y sin dinero!!! pobre Andrés

Muxuak

Odane*** dijo...

jajajaja cierto es, nuca cambiará, si no dejará de ser Mani!!!

mantxi dijo...

Odane, la que está cambiando eres tú que ahora escribes con tildes y todo!!!

AmatxuBi dijo...

Bueno porfi! me entero de que paso con la maleta. Carlos no me lo quiso contar. Efectivamente es un "mamon".

Besitosssss

Odane*** dijo...

jajajaja u tranki k eso no kambia!!!ya tengo mi blackberry!! el lunes me empieza a funcionar la lineaaaaaaaaaaaaaaaa

regalizrojo dijo...

Jajajaja... qué desastre XDDD

A ver si acabo mis exámenes y mi gira por españa y parte de Europa y quedo con Carlos y Andrés para que me lo cuenten XDDD

Muxus!

La próxima vez avisa, que vivo a 3 paradas de metro del aeropuerto XD