jueves, 26 de agosto de 2010

Llegada

Un pequeño post sobre mi últimas horas en la península y las primeras en el lejano este:

Después de una hora de más de espera en el aeropuerto por fin pude entrar en el avión.

El primer toque de realidad llegó al querer sentarme en uno de los asientos, cuando el chico que estaba al lado del único asiento libre en varias filas a la redonda puso cara de no entender nada cuando le pregunté en castellano si el asiento estaba libre. Y después cuando lo pregunté en inglés tuvo que pensárselo un poco antes de soltar un "yes, yes, sit down" por lo bajines y siguió leyendo su libro sobre toros en húngaro.

El avión llegó a las 0:53, pero entre el tiempo de espera hasta poder bajar, el miniautobús que nos lleva a la terminal, recoger la maleta, pitos y flautas eran más de la 1:15 cuando m liberaron. "Hola qué tal, tú otra vez por aquí", un bollo, un poco de agua y un 'tasis' para casa.

Allí lo primero fue comprobar que la pantalla seguía viva. Y efectivamente, al abrir la maleta lo primero que se oyó fue un "madre del amor hermoso, ¡pero cómo voy a romperme si tengo 13 kilos de ropa a cada lado! ¡me asfixio!", así que dimos por hecho de que la pantalla no corría peligro. Al día siguiente ya la probaremos.

Y a dormir. Fin de un día agotador lacrimoso.

2 comentarios:

Raúl dijo...

Lacrimoso por las despedidas, no?

mantxi dijo...

Efectivamente, mi querido Úl